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Las Segovias de Nicaragua.... Tierras para pasear

En el municipio de Santa María, hay vestigios pasados aún inexplorados para los historiadores, un lugar considerado como el ombligo de la colonización española, pues en este lugar cerca del año 1530, el Capitán Gabriel de Rojas, lugarteniente de Francisco Hernández de Córdoba fundó la primera villa, la cual nombraron Santa María de la Buena Esperanza. De aquí se extendió la conquista del actua territorio conocido actualmente como Las Segovias.

Los pacíficos habitantes residentes en esos lugares marginales del extremo occidente de Nueva Segovia, cuentan hechos curiosos y se prestan para guiar -servir de baqueano, dicen ellos- a cualquier forastero que llegue al lugar atraído por la curiosidad.

Para llegar esos sitios, que ellos llaman encantados o leyenda propia de sus comunidades, el investigador o curioso puede llegar a la casa rural de don Pedro Joaquín Olivera Moncada y doña Angélica Vásquez. Aquí pueden prestarle o rentarle caballos acostumbrados a trotar por los lugares muy intricados de esas montañas repletas de curiosidad.

Técnicos y profesionales de varios organismos que cooperan por el desarrollo de los municipios de Nueva Segovia, se han dado cuenta de lo llamativo de ese lugar recóndito del departamento, y que vale la pena explorar e investigar. Los motivadores para viajar al lugar, son los funcionarios de la Asociación de Municipios de Nueva Segovia.

Llama la atención, el relieve tan irregular de este municipio. De pronto el visitante concentra la mirada en los Cerros Chachos (gemelos), es decir, la erección de dos cerros que se ven muy próximos entre sí. Están divididos en la cúspide con un espacio libre de apenas dos metros entre farallones y luego unos 100 metros arribas, y uno de ellos tiene protuberancia que toca al otro. Quizás sus formas imanan el deseo, lo que se convierte en desafíos para cruzarlos o escalarlos, hasta que el caminante se da cuenta que ha entrado a un espacio erizo de rocas, despeñaderos y otros obstáculos naturales, que hacen difícil el desplazamiento, pero allí es donde pica el reto.

Jeroglíficos precolombinos encontrados en peñascos en el municipio de Santa María

Por último la expedición topa a los pies de los Cerros Chachos, pero no se puede seguir el viaje a lomo de las bestias. Éstas deben quedar amarradas en un recodo parejo, donde los campesinos pretenden cultivar hortalizas aprovechando el cauce de una quebrada. Caminando cuesta arriba por veredas escabrosas y con los muslos tensos se llega a las cumbres, desde donde se develan hondonadas boscosas e incrustadas de peñascos por los diferentes extremos. Poco a poco, se van descubriendo los detalles, de un lugar que probablemente sirvió a los aborígenes, a los chamanes chorotegas a realizar sus ofrecimientos rituales a sus dioses inmortales. La vista se deja llevar por el paisaje para apreciar farallones, paredes pedregosas y altísimas que pueden servir para un aventurero de montaña, que guste disfrutar del alpinismo riesgoso. Abajo, se discurre raudamente una corriente de agua cristalina.

Paisaje del río Choluteca, frontera con Honduras por el municipio de Santa María.

Por último la expedición topa a los pies de los Cerros Chachos, pero no se puede seguir el viaje a lomo de las bestias. Éstas deben quedar amarradas en un recodo parejo, donde los campesinos pretenden cultivar hortalizas aprovechando el cauce de una quebrada. Caminando cuesta arriba por veredas escabrosas y con los muslos tensos se llega a las cumbres, desde donde se develan hondonadas boscosas e incrustadas de peñascos por los diferentes extremos. Poco a poco, se van descubriendo los detalles, de un lugar que probablemente sirvió a los aborígenes, a los chamanes chorotegas a realizar sus ofrecimientos rituales a sus dioses inmortales. La vista se deja llevar por el paisaje para apreciar farallones, paredes pedregosas y altísimas que pueden servir para un aventurero de montaña, que guste disfrutar del alpinismo riesgoso. Abajo, se discurre raudamente una corriente de agua cristalina.

Monedas antiguas

Tesoro antiguo encontrado en una comunidad rural del Municipio de Santa María.

En octubre del año 2000 en una propiedad de la comunidad El Coyolar un joven cuando araba la tierra encontró una botija de barro, enterrada y que contenía más de 400 monedas de plata de 25 y 50 centavos que datan de 1,883 procedentes de Honduras y Guatemala. Al parecer, fue una fortuna que perteneció a una familia adinerada que solían realizar actividades comerciales entre Nicaragua, Honduras y Guatemala. En una de las monedas que aún conservan los posantes puede verse en uno de sus lados el escudo de armas de la Capitanía General de Guatemala con las cinco banderas centroamericanas y a su alrededor de lee: República de Honduras 0,900 - 50 centavos - 1883.

El Pueblo de los Indios

El Pueblo de Los Indios está escondido entre esas escabrosas serranías, no comunes en el resto del departamento de Nueva Segovia, y quizás del norte de Nicaragua. Para llegar a este sitio se requiere de cierta experiencia en escalamiento y mucha prudencia, por supuesto de excelente fortaleza física. En la medida que el expedicionario va fijando y midiendo con seguridad los pasos y prendiéndose de ramas y troncos de árboles, se va encontrando fragmentos de vasijas de barro, que tientan llevarlas de recuerdo. Se llega a la cumbre del cerro, en cuyo trayecto final, se sube por unas escalinatas labradas en la piedra.

Tras unos suspiros fuertes, y la emoción de saber los detalles de las cosas guardadas allí, se procede a hurgar con la vista: perforaciones en la piedra a manera de cráteres, utensilios de barro enterradas a flor del suelo, piedras de moler, en fin, un menaje propio de las poblaciones indígenas que habitaron aquí. También se aprecia una especie de mapa grabado con las delimitaciones hechas a puntitos. Todo puede derivarse de la imaginación, pero es seguro que los expertos en asuntos precolombinos dirían que se trata de un cementerio o de un lugar donde los indios ofrecían sacrificios, pues unos montículos en el lugar sospechan a tumbas.

El duende y la serpiente emplumada

Los lugareños, no tienen memoria de los significados de estos lugares, y por ello, les dan un toque de encanto o misterio con olor supersticioso, pues se cuentan todo tipo d anécdotas sobrenaturales. Las leyendas de duendes, pequeños hombrecitos de color verde y rojo, son comunes en las zonas campesinas segovianas, particularmente en lugares donde la naturaleza rompió la rutina en la formación del relieve. Por ejemplo, cuentan los vecinos del lugar, casi con certeza afirman de la existencia del duende, y que a las doce de la noche, todavía en la actualidad, se escucha voces que arrean ganado y que un "butute" o cuerno de vaca emite fuertes sonidos para llamar al hato, y hasta apuestan que las fotos que se toman de los dibujos de la cueva no son reveladas.
Al lugar también han agregado la salida de un difunto, un señor que falleció hace unos 25 años y fue el propietario de esas tierras.
Hay cuevas o cóncavos bien pronunciados en grandes rocas, convertidos como en reservorios de agua.
La Cueva del Duende, un poco borrada por los derrumbes del transcurrir del tiempo, tiene en sus paredes jeroglíficos grabados, por ejemplo se puede identificar penachos que eran prendas exclusivas de los caciques y la típica serpiente emplumada que aparecen en las ruinas de los mayas y aztecas. También es notorio la existencia allí como testigo de la vida religiosa de los habitantes de antaño, una imagen o ídolo. Una especie de hombrecillo de cuerpo minúsculo, pero de cabeza grande con antenas, por supuesto de piedra. A esto, es lo que los lugareños le llaman el Duende.
Sin embargo, todos los vecinos conocen de leyendas como la existencia de un duende en la cueva que lleva su nombre, que a las 12 de la noche de todos los días se escucha arrear ganado y que un "butute" o cuerno de la misma vaca suena para llamarlos, que las fotos tomadas al duende dibujado en la pared de la cueva se develaban, que salía don Miguel Ángel Aberruz, dueño de los cerros pegados, que falleció hace unos 25 años heredando a sus hijos, quienes hace pocos años vendieron a Bernarda Bustamante.